DESARROLLO DE LA VIDA DEL SABIO

La vida del sabio se desarrolla fundamentalmente en tres ámbitos: El familiar, el social y el laboral.

Ámbito familiar

En lo que respecta a la juventud, un sabio lo suele ser por naturaleza, así pues dentro de su familia seguramente existirán otros sabios que son los que le han dado la herencia genética.

Es importante que un sabio por naturaleza descubra a ese otro, o a esos otros de su familia que ya lo son también por expe­rien­cia, pues escuchándoles evitará cometer algunos de los errores que cometieron ellos, y lo que es igual de importan­te, sabrá dónde acudir a buscar consejo cada vez que la vida se le ponga cuesta arriba.

En lo que respecta al inicio de la madurez, dicen que para casarnos buscamos nuestra media naranja, es decir, aquella persona que nos complementa y que nos completa. Y en verdad sucede así, pero dentro de esta afirma­ción se halla una de las mayores tergiver­saciones, pues, lejos de completarse, lo que hace uno uniéndose al que es completa­mente distinto a él es vaciarse.

Por ello es importante que el sabio, si es que se casa, lo haga ya pasados los treinta, pues sólo a esa edad, y puede que todavía sea demasiado pronto, será capaz de ver si realmente esa es la persona con la que desea compartir el resto de su vida.

En lo que respecta a la madurez plena, el sabio debe saber convertirse en el consejero de sus hijos, si es que los tiene, pues, para desgracia del mundo, los sabios suelen tener pocos hijos, o ninguno en muchos casos. Tal vez el gran fracaso de este mundo sea ese, que los sabios tienen pocos hijos mien­tras que los mediocres tienen muchos, es más, cuanto más medio­cre es un hombre más hijos desea tener.

En lo que respecta a la vejez, el sabio debería ser el patriarca, el chamán de la tribu, el consejero, pero esta sociedad tiende a recluir a los sabios viejos en lujosas cárceles llamadas residencias, perdiendo así los mejores consejos y la mejor filosofía, la adquirida por la propia vida. Dicen que sabe más el diablo por viejo que por diablo, pero este refrán ha caído en el más destructivo de los olvidos.

Ámbito social

En lo que respecta a la niñez, el sabio que aún no sabe que lo es no tiene capacidad de escoger a sus amigos, se los imponen, y es de esos mediocres amigos, en gran medida, de donde copia las pautas de comportamiento que lo convierten en uno más de la plebe. No obstante, ya he dicho que el mediocre es el mejor aliado del sabio, pues sin él, sin conocer su maldad, nunca podría el sabio observar con plenitud la indescriptible belleza del bien. Así pues, no seré yo quien proponga una criba a la hora de escolarizar a los niños, pues es en la infancia donde comienza a comprender el sabio que no todos se basan en los mismos principios que se basa él, aprendizaje que le va preparando para la vida en sociedad.

En lo que respecta a la pubertad, época en la que todo ser humano empieza a sentir su individualidad y por lo tanto en la que comienza a buscar el sitio que ocupará en el mundo, el sabio, casi de manera inexorable, se convertirá en uno más de la plebe, pues sentirá que debe seguir a los de su generación rompiendo lazos con sus ascendientes y con todo aquel que huela a maduro. Pero así ha de ser, así pues lo único que podemos pedirle al sabio en esta época es que no se desvíe demasiado del camino, al menos no tanto como para no poder regresar a él.

Los niños enfermizos, precisamente por su escaso trato con los demás niños, suelen ser buenas personas, tal vez el destino les ponga a ellos las cosas más fáciles, pero también es verdad que suelen ser más vulnerables, pues sin el aprendizaje de la vida, carecen de armas que les defiendan de los ataques de los demás. Así pues, tampoco seré yo quien proponga una criba en la etapa de la pubertad, pues si mucho se aprende de los errores propios, mucho más se aprende de los errores de los demás.

En lo que respecta al inicio de la madurez, época en la que el grupo de amistades comienza a disminuir, es en ella donde se forja verdaderamente el resto de la vida, pues es en ella donde se escogen, aunque no es del todo cierta esa palabra, los amigos que lo serán para el resto de la vida, y es en ella donde se escoge, si es que sucede así, a ese otro que formará con nosotros la familia. Claro está que siempre se podrá dar marcha atrás y romper con esos amigos y con ese otro que ha formado con nosotros matrimo­nio, pero ello, casi con total seguridad, llevará al sabio a la soledad, a la verdadera, a la del único ser, y como ya adelanté antes, no es mi intención aconsejar esa soledad, sino las otras, la soledad del pequeño grupo de sabios y la soledad de la pequeña y sabia familia.

Así pues, puesto que esta es la etapa más trascendental de todas las etapas de la vida, considero oportuno aconsejar al sabio que tome las decisiones correspondientes a este período con la tranquilidad y el sosiego que da la calma, y, si es posible, escuchando los consejos de aquellos otros sabios que saben más que él, que, no obstante, estarán limitados por la escasez de información de la que disponen.

En lo que respecta a la madurez plena, el sabio ya sólo querrá vivir en la soledad del grupo de sabios y en la soledad de la pequeña y sabia familia, así pues nada tendré yo que aconse­jarle, si acaso nombrarle dos máximas si siente que debe romper con todo su pasado:

– “Somos esclavos de todas nuestras decisiones pasadas, pero sólo porque no somos capaces de romper con todo cuando llega el momento de hacerlo”.

– “A veces sufrimos excesivamente por una decisión que debemos tomar, y vivimos un sinvivir, un sinvivir que apaga toda nuestra luz y acaba con toda nuestra esperanza, pero tenemos miedo a equivo­carnos, por eso dudamos, dudamos tanto que poster­gamos la decisión para otro momento que no acaba de llegar. Luego, cuando la decisión es final­men­te tomada, dejamos de sufrir, y en verdad todavía no sabe­mos si hemos elegido correctamente­, pero eso ya no nos importa, porque ya no hay retorno, ya no hay marcha atrás, y sea el correcto o sea el equivocado, tenemos ante noso­tros un nuevo camino que recorrer, un camino que nos sitúa de nuevo ante la esperanza”.

En lo que respecta a la vejez, el sabio ya no necesitará luchar contra el aburrimiento, porque para él ya no existirá esa palabra y será la monotonía su forma de vida, así pues se habrá librado de todo aquello que le impedía ser verdaderamente feliz, con lo que sólo puedo decirle una cosa: Adelante compañe­ro, ante ti se halla el mundo entero.

No obstante siento que debo dar dos consejos, que en realidad ya no son para el viejo, sino para que el todavía no lo es. El primero de los consejos es que se necesita una situación relativamente holgada en lo que respecta a lo económico, así pues a esta etapa hay que llegar con los ahorros suficientes como para ser comple­tamente indepen­diente, si se quiere claro está. Y el segundo, y seguramente más importante, que a esta etapa hay que llegar en las mejores condicio­nes físicas y mentales posibles. En lo que respecta a las condiciones físicas, habrá que haber cuidado y habrá que seguir cuidando el cuerpo con una buena alimentación, con algo de ejercicio y huyendo, en lo que sea posible, de produc­tos nocivos o de situaciones de riesgo. Y en lo que respecta a las condiciones mentales, habrá que haber cuidado y habrá que seguir cuidando la mente obligándo­la a estar siempre despierta y en continuo aprendiza­je, pues como ya dije, la mente es como los múscu­los, que pierden tono si se usan poco y desapare­cen por completo si se dejan de utilizar.

Ámbito laboral

El ámbito laboral es conocido por el sabio cuando ya ha iniciado la madurez, pero este ámbito, por ser el más competiti­vo, es en el que el sabio sufre los mayores ataques, así pues su experiencia acumulada no será suficiente para capear lo que seguramente se le avecina.

Hay excepciones, es verdad, pero lo normal es que el sabio sienta en este ámbito, más que en ningún otro, que se halla en un campo de batalla, así pues no debo omitir una serie de consejos que no sólo le ahorrarán tristezas, sino que pueden llegar a salvarle la vida.

Como expongo en mi “Tratado sobre cómo de vivir un sabio”, el mediocre siente mucho dolor cuando alguien pone en evidencia­ su mediocridad, porque le hace ver una realidad que él sabe que existe pero de la que no se quiere ni acordar. Si lo meditamos bien, llegaremos a la conclusión de que lo único que está haciendo el mediocre es defenderse, pues sólo quiere anular aquello que le hace infeliz, es decir, aquello que daña su escasa autoestima, es decir, la sola presencia del sabio que es como un espejo para él.

Cuenta la leyenda de las gárgolas, que ellas velan los edificios que coronan, y lo hacen de una forma exquisitamente sutil, pues los demonios, al verlas, creen estar ante terribles espejos que muestran su fealdad, y es tal el dolor que les produce el verse a sí mismos que deciden no entrar en esos edificios. También son ilustrativos los maravillosos pórticos de las iglesias, que para asombro de los que los contemplan, están repletos de caras demoníacas y de seres monstruo­sos, imáge­nes que en realidad son también gárgolas, cuya misión es la misma, ahuyentar a los demonios.

El sabio no es una gárgola pues nada hay de feo en él, pero ya he explicado que es una especie de espejo, y es por ello por lo que el mediocre al verlo siente lo mismo que sienten los demonios al ver las gárgolas, pánico ante su propia imagen, auténtico terror ante su propia monstruosidad. Pero mientras el demonio puede huir de ese lugar y buscar otro en el que se encuentre más cómodo, el mediocre no puede dejar su trabajo pues es el que le da el sustento, no habiendo, por lo tanto, para él otra salida posible, tiene que acabar cuanto antes con ese que le produce tanto dolor.

A lo expuesto anteriormente, debemos añadirle lo que ya se dijo antes, que en el ámbito laboral la competitividad está al orden del día. Para ascender o para ser bien considerado en el trabajo hay que demostrar que uno es prácticamente imprescin­dible, y ello se puede demostrar de dos maneras: Haciéndolo de forma legal y siendo realmente mejor que los demás, camino que sólo pueden escoger los que son verdaderamente aptos; O haciéndolo de forma mezquina e irreal, es decir, consiguiendo ser el mejor a base de ponerle trabas al trabajo de los que son más aptos, camino que escogen, porque no les queda otra alternativa, los mediocres que necesitan el ascenso o el elogio del jefe.

De estas mezquinas prácticas no se están dando cuenta los que dirigen las empresas, o peor aún, consideran que esa mezquindad es parte de la competencia que les exige a todos rendir mejor. Pero nada hay más lejos de la realidad, pues el sabio siempre será el más apto, sobre todo cuando se trata de organizar, y el sabio, ante toda esa mezquindad, siempre tenderá a aislarse, a deprimir­se y a bajar considerable­mente su rendimiento, entre otras muchas cosas, porque no es su misión llenarse de guerras estúpidas.

Claro está que no voy a tratar yo de ayudar a los empresarios a generar más riqueza, pero sí creo que debo abrirles los ojos y así evitar un sufrimiento que no sólo es innecesario, sino que es del todo contraproducente. Y claro está que intento evitar ese sufrimiento porque en mayor medida son los sabios los que lo sufren.

El mobbing daña psicológicamente al que lo sufre, tanto, que a veces el daño es irreparable. Y ello sucede porque el mobbing lo suele sufrir uno que es buena persona, que, incapaz de imaginar que puedan existir seres tan maquiavélicos, invier­te la carga de la prueba y acaba preguntándose en qué habrá fallado para que le suceda todo lo que le sucede. En realidad todo empezó mucho antes, pero es ahí donde empieza todo su tormento, porque ahí es donde comienza la espiral que acaba hundiéndole.

Así pues, y a grandes rasgos, dos consejos para sobrellevar estos sibilinos ataques: Lo primero que debe tener siempre presente el sabio es que no todos se rigen por los mismos principios que se rige él, sólo así podrá sospechar que gran parte de los compañe­ros están en su contra porque otro u otros, el envidioso o envidiosos, están llenándolos de mentiras para ponerlos en contra él. Y lo segundo que debe tener en cuenta es que puede que su trabajo no salga todo lo bien que debería, porque alguien está poniéndole trabas para hacerles creer a los demás que él no es tan bueno como parece.

Más adelante dedicaré un apartado a esta enfermedad que sobre todo lo es de sabios, porque yo la sufrí y sé lo destructi­va que puede llegar a ser.

En lo que respecta a la madurez plena, el sabio ya no tendrá nada que demostrar, es un trabajador excelente y nadie podrá ponerlo en duda. No obstante le seguirán atacando los envidio­sos, porque ellos son como son y no pueden ir contra su naturaleza, pero el sabio ha aprendido mucho y es difícil que le dañen. Aún así estará alerta ante posibles recaídas, pues el mobbing es una enferme­dad que deja una herida abierta, una herida que nunca llega a cicatrizar.

En lo que respecta a la vejez, el sabio afrontará la jubilación con alegría, porque él no necesita tener un ámbito laboral, él en sí mismo ya es mucho, y con unos cuantos sabios amigos y con la pequeña y sabia familia tendrá suficiente para vivir. También hay que recalcar que al sabio le gusta la soledad y la tranquilidad, y la jubilación le proporciona ese tiempo libre que él utilizará para seguir aprendiendo. El mobbing, esa terrible enfermedad

Ya adelanté antes que le dedicaría un apartado a esta enferme­dad tan letal, pues considero que, aún a riesgo de resultar repetitivo, debo explicar perfectamente cómo sucede, quién la provoca, por qué suele ser un sabio el que la sufre y cómo debe uno afrontarla para minimizar sus consecuencias.

1.- ¿Por qué me ataca este si yo no le he hecho nada?. Esa es la primera pregunta, el génesis, y en verdad siempre empieza así, naciéndole al sabio un enemigo de la nada.

El sabio no ha hecho nada malo, quizá dedicarle alguna crítica siempre constructiva, pero eso no importa, porque ese enemigo cree que el sabio le está atacando por la espalda, y lo cree porque alguien le ha envenenado a base de mentiras, alguien que permanece en la sombra. ¿Quién?. El verdadero culpable de todo lo que sucede y todo lo que sucederá, el envidioso, que no soporta tener a alguien tan superior a su lado.

Puede suceder que no sea sólo un envidioso el que ataca, sino que sean varios que han hecho causa común, si es así, más brutales y más letales serán sus sibilinos ataques.

2.- ¿Por qué me atacan estos otros si tampoco les he hecho nada?. Esa es la segunda pregunta, y siempre sucede así, porque el envidioso sabe que necesita crearle muchos enemigos al sabio.

3.- ¿Por qué consienten los demás que me traten así?. Esa es la tercera pregunta, y siempre sucede así, porque al sabio no le entra en la cabeza la permisividad del resto del grupo, y no le entra porque él no consentiría lo que ellos consienten. Pero ya he explicado que uno de las Verdades Absolutas que debe conocer todo sabio, es que no todos se rigen por los mismos principios que se rige él.

4.- ¿Por qué cada vez tengo más enemigos?. Esa suele ser la cuarta pregunta, y en verdad suele suceder así, porque el sabio no calla su disgusto y les dice a los consentidores que son seres egoístas y despre­ciables, poniendo así en su contra a los que antes eran neutrales.

5.- ¿Por qué me aíslan?. Esa suele ser la quinta pregunta, pero no es del todo cierto que le aíslen, al menos no todos, sólo son unos pocos, esos pocos que han creído en las mentiras del envidioso, pero el sabio ya no confía en nadie, por eso habla cada vez menos y cada vez con menos gente, siendo así él el que se separa de los demás y no los demás los que se separan de él.

Esto lo tiene que tener muy presente el sabio, pues una de las metas del envidioso es aislarlo del grupo para hacerlo más vulnerable y para que más gente, que suelen ser los mediocres que van con la mayoría, se ponga en su contra.

6.- ¿En qué he fallado?, ¿qué errores he cometido para convertir­me en un ser tan despreciado?. Estas suelen ser las preguntas que dan inicio a la victoria del envidioso, porque el sabio, como ya expliqué antes, ha invertido la carga de la prueba y ha empeza­do a pensar que el problema es él.

No has fallado en nada compañe­ro, sólo has cometido un error, demostrar que eres mejor que ellos, con tu tranquilidad, con tu mesura, con tu saber hacer, con tu gran capacidad de resolver problemas, eso es lo único que has hecho, y lo has hecho porque eres así, y así seguirás siendo, porque al que es especial le resulta imposible pasar desapercibi­do.

7.- ¿Tendrán razón al decir que lo hago todo mal?, ¿habré estado siempre equivocado?. Nace la duda en aquel que estaba seguro de lo que hacía. Comienzan las indecisiones. Su trabajo ya no es desarro­llado con celeridad, porque medita demasiado, y medita demasiado porque tiene miedo a equivocarse.

Los mediocres no tienen razón, nunca la han tenido, te atacan porque te envidian o porque otro los ha llenado de mentiras, debes tenerlo siempre presente, porque si comienzas a dudar de ti mismo acabarás dándoles la razón, y si les das la razón sus ataques se harán mucho más violentos.

8.- Tardas demasiado, le dicen ahora sus enemigos con razón. Siempre te equivocas, le dicen si se equivoca, que ahora sucede de verdad, porque tiene tanto miedo de cometer errores que al final los acaba cometiendo.

Si llegas a esta situación estás en grave peligro, porque tu autoesti­ma, esa que siempre te ha defendido de los mediocres, ya está resquebrajada, y ahora eres una presa fácil a la que atacarán también aquellos cobardes que antes no lo hacían. Tienes derecho a cometer errores, tanto o más que los demás pues tú cometes menos, así pues si en verdad te equivocas en algo por la presión a la que estás sometido, tú debes ser el primero en perdonarte y en comprenderte, pues si a sus críticas le añades las propias harás que sus ataques sean más mortíferos.

9.- Eres un inútil. Eres un estorbo. Eres un vago. Y en verdad tienen razón, porque el sabio ya no siente placer en el trabajo, sólo siente miedo y dolor, por eso baja su rendimiento, porque ha perdido la ilusión y la vitalidad. Si llegas a este nivel estás a punto de sucumbir, así pues no te importe, vete al médico y dile lo que te pasa, dile también que necesitas un descanso, también debes hacer un escrito a tus superiores explicándoles lo que te sucede y expli­cándoles que esas prácticas, lejos de favorecer el trabajo en grupo, provocan que el trabajo se ralentice, pues si no les preocupa tu salud seguro que les preocupa el rendimiento de la empresa.

10.- ¡Cuánta tristeza siento!. Si haces esta afirmación es que tu alma se ha llenado de incomprensión y de amargura, y no sólo en el ámbito laboral, porque ahora estás triste también con los amigos y con los familiares.

Estás fatigado, ya no hay descanso para ti, porque no duermes bien y eso te agota, y no duermes bien porque en los sueños te ves matando a todo aquel que te hace la vida imposible, o al menos gritándole o golpeándole, y eso te llena de miedo, porque empiezas a preguntarte si serás tan bueno como dices.

¿Qué te pasa?, te preguntan tus seres queridos al verte abatido. Entonces decides contar por fin lo que te sucede en el trabajo, pero ellos no te creen, al menos no del todo, porque piensan que exageras y así te lo manifiestan.

Tu incomprensión se hace todavía mayor, porque ahora también la sientes con tus seres queridos. Comienzas a sentirte solo y abando­nado. Es entonces cuando surge una letal pregunta: ¿Para qué seguir viviendo si todo es sufrimiento?. Estás a punto de sucum­bir, o abres los ojos definitiva­mente o las consecuen­cias serán imprevisi­bles.

Sí, puede llegar a sucederle eso al que sufre mobbing, por eso siento la necesidad de explicarlo hasta llegar a resultar repetitivo, porque quiero que todo el que lea esto aprenda lo que yo aprendí muy tarde, casi demasiado tarde, pues estuve con un pie en ese abismo en el que surge esa peligro­sa pregunta: ¿Para qué seguir viviendo si todo es sufrimiento?. Sí, hijo mío, pensé en suicidarme, pero gracias a Dios, en el último momento saqué la cabeza del fango en el que me habían enterrado y comprendí que debía luchar por mí y por mi verdad. También me ayudó un gran libro: Mobbing, de Iñaqui Piñuel y Zabala. Dicen que el maestro sólo surge cuando el alumno está preparado para escuchar sus enseñanzas, tal vez por eso este libro apareció en mi vida, porque yo ya era digno de leerlo. También dicen que no somos nosotros quienes escogemos los libros, sino que son ellos los que nos escogen a nosotros, si es así, le doy gracias a ese libro por elegirme.

Puede que el mobbing provenga de un jefe, si es así, la defensa, al menos la legal, es más complicada, no obstante, en último extremo, siempre será mejor abandonar el trabajo y buscar un nuevo camino que sucumbir ante tanta miseria.

Puede que el mobbing provenga de los empleados, es decir, que el que lo sufra sea el jefe. Si es así, debes andarte sin contem­placiones, cuanto antes cortes una cabeza antes solucionarás el problema, pues como ya he dicho varias veces, el envidioso y su grupo son seres cobardes y asustadizos.

También puede que el mobbing suceda fuera del ámbito laboral, es decir, en el ámbito social. En este caso serán tus propios amigos los que te ataquen, y probablemente aquí también se halle el envidioso en la sombra, mostrándose como amigo tuyo y sin embargo poniendo, a base de mentiras, a todos contra ti. Si es así, siempre será mejor abandonar ese grupo y buscar un nuevo camino que sucumbir ante tanta miseria.

Como muy bien explica el libro que antes he citado, la curación, que nunca será completa pues siempre dejará secuelas, sólo es posible si el sabio acaba comprendiendo al envidioso y lo perdona. Siempre que exista odio residual, los recuerdos aflora­rán cada vez que veas a ese que tanto daño te hizo, recuerdos que te harán vivir una y otra vez el tormento que estuvo a punto de destrozarte. Así pues no debes perdo­narlo pensando en él, sino que debes perdonarlo pensando en ti y en tu recuperación.

Como de nada sirve decirse a uno mismo que ha perdonado al que le atacó si ello no es completamente cierto, debe el sabio remitirse a esa Verdad Absoluta que varias veces he repetido: “No todos se rigen por los mismos principios que se rige él”. El envidioso es así porque no puede ser de otra manera, bastante desgracia tiene él que tiene que soportarse a todas horas, y es de sabios saber perdonar al que hace el mal porque no sabe hacer el bien.

También debe quedar claro que no hay salvación para el envidio­so, así pues es absurdo intentar inculcarle unos valores que en su mundo no tienen cabida. De donde no hay no se puede sacar.

Llegado a este punto hay que aprender a ver lo positivo, ahora eres más fuerte pues conoces mejor a los que te atacan y sabes defenderte de ellos. También eres mejor persona, porque has aprendido a perdonar y a comprender a esos seres inferiores que te rodean.

Por último, y para que la curación sea lo más sólida posible, el sabio debe hacerse una última afirmación: ¡Cuánto sufrimiento por tan poca cosa!, y tiene que hacerla con ironía y con humor, riéndose de sí mismo y de todo lo padecido. Para ello es bueno saber contemplar el mundo desde fuera de uno mismo, como viéndolo en una pantalla de cine y como espectador, se verá entonces como parte de un todo, como la pieza de un puzzle que necesita de las demás piezas para completarse. Y en verdad es así, porque el sabio conoce el bien porque también conoce el mal, y el mal sólo puede conocerlo a través de los demás.

Si el sabio culmina todo el proceso se mirará al espejo sintien­do que es más grande, pero también sabiendo que lo que queda atrás ha sido sólo una batalla, que, por gracia o por desgra­cia, para bien o para mal, continúa la guerra.

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Let Go, Let God

Don´t worry, be "Larry", be like that guy that seems to be happy and not pursuing non running under any affair in live, we are here to learn with joy and passion so get things done the easy way. You are Wellcome!

I love to drink Seawater and also to Sungaze, you want to review this for your benefit.

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