May 082016
 

Entre los tibetanos existe la costumbre de recitar la última sílaba, nada más levantarse por las mañanas.
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Los hombres para ser grandes eruditos.
La recitación común sigue el mismo proceso que en los casos anteriores. El Buda, o la esfera de luz es de color naranja. Visualizada enfrente o sobre la coronilla, mientras se recita el mantra uno imagina que vienen rayos de luz y néctar que entran por la coronilla e impregnan el cuerpo de sabiduría.
La recitación acaba absorbiendo la imagen visualizada por la coronilla en el corazón.
Estos son algunos de los mantras más conocidos en el budismo tibetano. Pero hay miles de mantras. Los hinduístas dicen que hay setenta millones.
Pero como antes decía el objetivo principal es acercarse a la divinidad. No se considera muy apropiado utilizar las prácticas espirituales con fines mundanos.
Sin embargo también es cierto que si el cuerpo y la mente no están sanos y fuertes, es muy difícil el progreso espiritual. En este sentido es totalmente aceptada la utilización de mantras o de rituales para la curación.
Incluso las cosas más mundanas como el éxito en los negocios puede ser parte de la práctica espiritual cuando parte de los beneficios se utilizan, por ejemplo, para crear escuelas, hospitales o espacios con condiciones para la meditación.
A pesar de la existencia de esta tradición, uno siempre se pregunta si realmente los mantras tienen un poder o es autosugestión. Parece ser que hay un poco de todo.
Ha habido gente que sin creer ha experimentado sus beneficios, y ha habido gente que con una fuerte fe, pero recitando mal el mantra ha obtenido resultados.
Los tibetanos cuentan la historia de una anciana que tenía un mantra para transformar las piedras en alimento. En una época de sequía lo utilizaba con gran éxito.
Un día llegó su hijo a verla. Este era un monje que había estudiado mucho en uno de los grandes monasterios de Lhasa. El monje se dio cuenta de que su madre no recitaba bien el mantra de modo que le explicó “compasivamente” la forma correcta de hacerlo.
La anciana le hizo caso a su hijo pero el nuevo mantra no funcionaba. Al cabo del tiempo decidió volver a su viejo mantra que por lo menos era efectivo.
Parece ser que al final lo importante es la propia mente. Los mantras podrían ser instrumentos para canalizar la propia energía. En éste sentido son muy afortunados los que saben utilizarlos.
Pero a veces no se puede evitar ser un poco escépticos.
“Un santo estaba dando una charla sobre el poder de los mantras. Decía: el mantra tiene el poder de llevarnos a realizar la divinidad. En cuanto oyó esto un incrédulo se levantó y gritó: ¡Pero qué tontería! ¿Cómo nos va a acercar a Dios repetir unas palabras? ¿Aparece una barra de pan, repitiendo ‘pan, pan, pan’?.
El santo saltó diciendo: ¡Siéntate bastardo! El hombre se puso rojo de ira: ¿Cómo se atreve a hablarme así? – gritó – ¡Se hace usted llamar santo y luego insulta a la gente! ¿Qué clase de persona es usted?
Siento mucho haberle ofendido – replicó el santo. Pero dígame, ¿qué es lo que siente en este momento?
¿No se da cuenta? gritó el hombre. ¡Estoy muy enfadado!
Sí señor – dijo el santo – he usado sólo una palabra abusiva y ha tenido un efecto muy poderoso en usted. Si esto es así, ¿por qué el nombre de la divinidad no va a tener el poder de cambiarle? ”
Así son los mantras, palabras, sonidos, murmullos, que repetidos acaban generando una vibración que te llena, te invade y te impregna llevándote a ésa región desconocida y a la vez tan familiar en alguna parte de nuestro interior.

Om Ah Ra Pa Za Na Dhi Mantra Sabiduria, Manjushri, Interpretado por Thubten Wangchen.

https://www.youtube.com/watch?v=4RpTxqBbKcw

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