{"id":8016,"date":"2014-03-10T14:43:09","date_gmt":"2014-03-10T13:43:09","guid":{"rendered":"http:\/\/vivesur.com\/wpblog\/?p=8016"},"modified":"2014-03-10T14:43:09","modified_gmt":"2014-03-10T13:43:09","slug":"sufrimiento-emocional-una-opcion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.vivesur.com\/wpblog\/sufrimiento-emocional-una-opcion\/","title":{"rendered":"Sufrimiento emocional una opcion"},"content":{"rendered":"<p>Por Fernando Rivadulla Iglesias<br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\"><img loading=\"lazy\" src=\"http:\/\/vivesur.com\/wpblog\/wp-content\/uploads\/2014\/03\/wpid-PastedGraphic-2014-03-10-14-43.tiff\" alt=\"wpid-PastedGraphic-2014-03-10-14-43.tiff\" width=\"557\" height=\"300\" \/><\/span><br \/>\n&#8220;El anciano maestro Zen puso un hermoso y valioso jarr\u00f3n, antiqu\u00edsima y \u00fanica herencia familiar, delante del c\u00f3nclave a la espera de encontrar un sucesor entre los asistentes. Les indic\u00f3 que aquel jarr\u00f3n no era m\u00e1s que un problema y se sent\u00f3 a esperar&#8230; Un alumno se levant\u00f3 y con determinaci\u00f3n destroz\u00f3 el jarr\u00f3n con su sable. El que a priori parec\u00eda un loco temerario, result\u00f3 ser el elegido. Un problema por muy antiguo, valioso y \u00fatil que sea seguir\u00e1 siendo un problema y como tal debe ser eliminado, sentenci\u00f3 el maestro justificando as\u00ed su elecci\u00f3n y honrando el valor del nuevo abad\u2026&#8221; Cuento budista<\/p>\n<p>Si, por las circunstancias, tuvi\u00e9semos la posibilidad de conocer y entablar cercana relaci\u00f3n con muchas personas, enseguida nos dar\u00edamos cuenta que no hay m\u00e1s que ara\u00f1ar un poco en el coraz\u00f3n de cada una de ellas para descubrir que, en mayor o menor medida, todas padecen alg\u00fan tipo de problema personal; de hecho, esto ya lo percibimos en nuestras relaciones habituales y, por supuesto, en nosotros mismos. Familia, trabajo, amigos, existencia\u2026 siempre hay alg\u00fan \u00e1mbito de nuestra vida que nos genera sufrimiento, que nos genera dolor, que nos genera malestar. Las emociones, los s\u00edntomas de esta epidemia est\u00e1n tan extendidas en la raza humana que, de ser un virus, ser\u00eda, inmediatamente, declarada la pandemia.<br \/>\nEs evidente que todav\u00eda no estamos lo suficientemente concienciados sobre esta cuesti\u00f3n como para que pueda despertar el necesario inter\u00e9s social que suscite el desarrollo de una nueva forma de educar en el seno familiar, basada -fundamentalmente- en una buena profilaxis traum\u00e1tica que permita al ni\u00f1o crecer feliz y con una buena salud emocional. Y, \u00bfpor qu\u00e9 no?, tambi\u00e9n, una nueva asignatura educativa que nos aporte, especialmente desde la infancia, la informaci\u00f3n y herramientas necesarias para desarrollar todo nuestro potencial humano y evitar que tengamos que hacer uso de nuestros naturales mecanismos de resiliencia.<br \/>\nLo cierto ahora es que podemos sufrir desde una leve insatisfacci\u00f3n existencial (&#8220;sufrimiento de baja intensidad&#8221;) a una grave manifestaci\u00f3n emocional (&#8220;emotio-terrorismo&#8221;). Realmente, el grado en que suframos no es lo importante sino el problema en s\u00ed, y cualquier problema puede y debe ser abordado y solucionado, como bien transmit\u00eda el cuento de la presentaci\u00f3n. Pero, para poder hacerlo, se hace imprescindible que antes aprendamos a reconocer el sufrimiento, y a reconocer qui\u00e9n tiene la responsabilidad sobre ese sufrimiento.<\/p>\n<p>Lamentablemente, abordar estas cuestiones se hace inviable debido a la falta de educaci\u00f3n emocional y la adaptabilidad a las que alud\u00eda en el p\u00e1rrafo anterior. Esto, unido a que nuestra salud emocional est\u00e1 supeditada al actual paradigma sicol\u00f3gico caracterizado por sus temidas etiquetas y sus interminables y dudosos tratamientos, consigue que las procesiones sigan por dentro y nuestros &#8220;asuntos&#8221; permanezcan todav\u00eda en la carpeta de tab\u00faes pendientes de airear.<\/p>\n<p>Reconocer el sufrimiento<\/p>\n<p>Nuestro marco educativo nos ha condicionado para creer que el sufrimiento es innato al ser humano y, en consecuencia, no hay nada que se pueda hacer salvo adaptarse a \u00e9l, haciendo uso de nuestra resiliencia. Si prestamos atenci\u00f3n, existen muchas frases que hemos heredado de nuestros padres y abuelos y repetimos inconscientemente como si fuesen una verdad inmutable: &#8220;la vida es la escuela del dolor&#8221; &#8220;soy como soy, y a mi edad ya no se puede cambiar&#8221;, &#8220;el amor es sufrimiento&#8221;, &#8220;la felicidad es una utop\u00eda&#8221;, etc. Creencias que nos sit\u00faan en el inmovilismo, la resignaci\u00f3n y la desesperanza. No son s\u00f3lo frases, es lo que se nos ha transmitido y forma parte de la personalidad con la que interpretamos la vida. El Dr. Miguel Ruiz lo define como &#8220;el libro de la ley&#8221;.<\/p>\n<p>Hay personas que acuden a mi consulta con la intenci\u00f3n de dar soluci\u00f3n a alg\u00fan peque\u00f1o problema recurrente que en ese momento le perturba; pero, cuando empiezo a profundizar en su coraz\u00f3n, pronto constato que lo que me cuenta no es m\u00e1s que algo que distrae su atenci\u00f3n de lo verdaderamente importante, la punta de un iceberg que esconde debajo una cantidad inmensa de rabia y dolor que, por incre\u00edble que parezca, la persona est\u00e1 tan acostumbrada a \u00e9l que no es capaz de identificarlo, y mucho menos calibrar sus efectos.<\/p>\n<p>La actitud que mejor puede rescatar las oscuras sombras de nuestro coraz\u00f3n y sacarlas a la luz es la sinceridad, entendida como un hermoso acto de generosidad con uno mismo a trav\u00e9s del cual reconocemos que algo no va bien y nos ponemos en disposici\u00f3n de averiguar qu\u00e9.<\/p>\n<p>Y es en ellas, en nuestras sombras, donde est\u00e1n todas las respuestas que necesitamos. Un ejercicio meditativo muy eficaz para empezar a obtener respuestas es formularnos la pregunta \u00bfsoy feliz? O tambi\u00e9n \u00bfestoy en paz? Es igual c\u00f3mo definamos o justifiquemos todo lo que encontremos, lo que no sea felicidad o paz es sufrimiento. Si lo haces, recuerda que es solo un ejercicio de observaci\u00f3n; no es necesario que lo cuantifiques, solo que lo identifiques.<\/p>\n<p>Reconocer la responsabilidad<\/p>\n<p>En p\u00e1rrafos anteriores revelaba una de las tres actitudes necesarias para abordar de manera adecuada un proceso de alquimia emocional, la sinceridad. Quiero exponer ahora otra de esas actitudes, se trata de la responsabilidad.<\/p>\n<p>Que no nos hayan ense\u00f1ado a plantearnos una soluci\u00f3n de continuidad a nuestro sufrimiento y, menos a\u00fan, que tal posibilidad pudiera existir, perpet\u00faa el h\u00e1bito de nuestras exigencias emocionales que ineludiblemente nos hacen ver toros que no son, pero que parecen ser (como rezaba aquella cancioncilla de los setenta) Y es que el secuestro, al que nos someten nuestras emociones en el crucial instante en que el problema se manifiesta, nos lleva a confundir este con las circunstancias que lo desatan y, sobre todo, con los actores presentes en ellas<\/p>\n<p>El problema no est\u00e1, por tanto, en nuestras vivencias, sino en c\u00f3mo nuestro coraz\u00f3n las interpreta; si lo hace con dolor, tenemos el sufrimiento asegurado.<\/p>\n<p>Tenemos que aceptar \u2013definitivamente- que la culpa no est\u00e1 en el otro, o en las circunstancias, o en la vida, o incluso en Dios, como acostumbramos a creer. La responsabilidad es solo nuestra, y esta es una actitud que, ajena al castigo que genera la culpa, nos invita a reconocer, con sinceridad, que todo lo que sentimos, ya sea de \u00edndole dolorosa o placentera, nos pertenece, es nuestro patrimonio emocional. Que solo a nosotros nos corresponde darle soluci\u00f3n y no creer, equivocadamente, que otro lo pueda hacer por nosotros con sus actos o palabras.<\/p>\n<p>Siempre estamos esperando que el otro repare el da\u00f1o que creemos nos ha causado y esto, con el tiempo, se va convirtiendo en un par\u00e1sito que se aferra firmemente a nuestro coraz\u00f3n, secuestrando nuestro raciocinio y decidiendo y actuando por nosotros.<\/p>\n<p>Esa culpa, que adjudicamos al otro, nos impide ejercer el sanador y necesario gesto de perd\u00f3n que, si bien no pretende exonerarlo de su responsabilidad, nos permite cortar los lazos de exigencia que establecemos por doquier y que nos devolver\u00e1n la responsa-bilidad y la libertad a nuestras, hasta ahora, dependientes vidas.<\/p>\n<p>Hasta aqu\u00ed, mi pretensi\u00f3n ha sido dejar aclaradas las dos cuestiones fundamentales que planteaba al inicio de este art\u00edculo, reconocer el problema y la responsabilidad sobre el mismo. Pero, no quiero terminarlo sin revelar la tercera actitud que debemos desarrollar para dejar de sufrir.<\/p>\n<p>S\u00ed podemos dejar de sufrir, podemos aprender a hacerlo. Y este es, en definitiva, el objetivo hacia donde verdaderamente va dirigida esta disertaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Como dejar de sufrir<\/p>\n<p>La tercera y \u00faltima de las actitudes necesarias para tal hito es el compromiso. Es, realmente, el elemento crucial en este proceso la &#8220;declaraci\u00f3n de intenciones&#8221;, la energ\u00eda iniciadora, continuadora y facilitadora de todos los procesos que se ir\u00e1n desarrollando a lo largo de nuestro periplo en pos de la libertad emocional, del poder bien entendido, el poder de elegir c\u00f3mo me quiero sentir, c\u00f3mo quiero decidir haciendo uso de mi libre albedr\u00edo.<\/p>\n<p>Tener compromiso significa tener intenci\u00f3n, y esta no es m\u00e1s que el deseo consciente de solucionar los problemas que puedan estar manifiestos; significa tener decisi\u00f3n, que es la manifestaci\u00f3n de la voluntad para continuar con el proceso hasta su conclusi\u00f3n; y significa tener enfoque, la motivaci\u00f3n que surge de reconocer en el conflicto la oportunidad.<\/p>\n<p>Llegados este punto, siempre surge una pregunta muy concreta entre los asistentes a mis conferencias &#8220;s\u00ed, eso est\u00e1 bien, pero\u2026 \u00bfc\u00f3mo lo hago, c\u00f3mo doy soluci\u00f3n a mi sufrimiento?&#8221; La verdad es que la respuesta es tremendamente simple y, por eso, de orden superior (como dice la sabidur\u00eda oriental). Por comprensi\u00f3n.<\/p>\n<p>Y no olvidemos que la comprensi\u00f3n es la materia prima con la que se confecciona nuestra consciencia y, por ende, lo que impulsa nuestra evoluci\u00f3n como seres humanos.<\/p>\n<p>Para que la mente comprenda hemos de ofrecerle de forma ordenada, l\u00f3gica y coherente toda la informaci\u00f3n emocional existente alrededor de un problema y, adem\u00e1s, perfectamente relacionada con cada uno de sus creencias, pensamientos y reacciones, e incluso con el dolor f\u00edsico, con la somatizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Es un volcado al consciente de todo el material subconsciente que permanece oculto. Esto es lo se conoce como Satori en la tradici\u00f3n oriental, un t\u00e9rmino que no deber\u00eda resultarnos tan ajeno\u2026<\/p>\n<p>Si reconocemos en nuestros corazones la vocaci\u00f3n suficiente como para iniciar un camino de crecimiento, y la capacidad para desarrollar las actitudes que me van a ser \u00fatiles en \u00e9l (sinceridad, responsabilidad y compromiso), entonces ya s\u00f3lo nos queda comenzar a andar. Pero, antes de empezar, hemos de resolver dos cuestiones fundamentales \u00bfcu\u00e1l es el destino de nuestros pasos? y \u00bfqu\u00e9 mapa ser\u00e1 el adecuado para poder alcanzarlo?<\/p>\n<p>Sanaci\u00f3n, crecimiento, b\u00fasqueda\u2026 son algunos de los t\u00e9rminos que hoy empleamos para intentar explicar nuestro proceso evolutivo consciente y comprometido, pero estos t\u00e9rminos no definen un destino. Se basan en el viejo paradigma &#8220;hemos venido a aprender&#8221; que busca soluciones en la informaci\u00f3n, en el conocimiento, en el esfuerzo del aprendizaje. El nuevo paradigma &#8220;hemos venido a reconocernos&#8221;, al contrario que el viejo, nos invita a una tarea mucho m\u00e1s sencilla y hermosa: quitar lo que sobra.<\/p>\n<p>Con\u00f3cete a ti mismo, tal y como rezaba el frontispicio del templo de Delfos, ese es, y no otro, nuestro destino. Ya ha llegado el momento de dejar de buscar &#8220;fuera&#8221; para comenzar a buscar &#8220;dentro&#8221;<\/p>\n<p>La segunda cuesti\u00f3n se antoja m\u00e1s compleja; de hecho, no pocos buscadores se han perdido en el camino confundiendo \u2013err\u00f3neamente- los medios con el fin.<\/p>\n<p>Lo que llamamos b\u00fasqueda no ha de ser m\u00e1s que una etapa, con fecha de caducidad, que nos permita discernir cu\u00e1l es la herramienta m\u00e1s adecuada para alcanzar nuestro destino de las existentes en el amplio y confuso mercado espiritual. El m\u00e9todo es necesario para mostrarnos el camino, sin saber qu\u00e9 hemos de hacer y c\u00f3mo hemos de hacerlo no conseguiremos resultados, no llegaremos a nuestro destino. Sin mapa no puede haber singladura.<\/p>\n<p>Poco a poco, empezamos a percibir que hay una \u00edntima relaci\u00f3n entre terapia y espiritualidad. Para poner un poco de luz en la confusi\u00f3n que todav\u00eda existe al respecto hemos de entender que la soluci\u00f3n del sufrimiento es un paso m\u00e1s en el camino evolutivo, la fase inicial m\u00e1s urgente y -a la vez. la m\u00e1s dif\u00edcil; pero, sin duda, la que m\u00e1s templar\u00e1 nuestro coraz\u00f3n. En esta fase es f\u00e1cil perderse, tendemos a buscar f\u00f3rmulas m\u00e1gicas que aparten de nosotros el cruel c\u00e1liz emocional, atajos que eviten nuestra responsabilidad. Pero, lo cierto es que no somos conscientes de que el proceso de abordaje emocional desarrollar\u00e1 nuestra capacidad m\u00e1s maravillosa, la de comprender, y es esta -y solo esta- la que pondr\u00e1 todo en orden en nuestro coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Tenemos demasiado miedo a nuestras emociones; tienen el poder absoluto sobre nuestros comportamientos, sobre nuestras vidas, sobre nuestra libertad de sentir. Y no son mas que h\u00e1bitos, costumbres, que se han asentado en el tiempo y que tienen origen en las vivencias que hemos asimilado con dolor en nuestra infancia.<\/p>\n<p>Comprender c\u00f3mo sufrimos, por qu\u00e9 sufrimos y de d\u00f3nde viene nuestro sufrimiento desactiva la energ\u00eda que alimenta nuestros n\u00facleos de conflicto, y nos devuelve el poder sobre nuestro sentir y nuestro actuar. Comprender desarrolla nuestra consciencia y nos enruta adecuadamente en nuestro prop\u00f3sito evolutivo.<\/p>\n<p>Cuando nuestras emociones surgen tendemos a rechazarlas, esconderlas, evitarlas, disimularlas, reprimirlas, reprogramarlas\u2026 pero no a observarlas.<\/p>\n<p>Comprenderlas implica la necesidad de afrontarlas, enfrentarlas y utilizarlas. Ellas nos provocan el sufrimiento; por tanto, solo en ellas est\u00e1 la respuesta al mismo, solo ellas me pueden ofrecer lo que busco, el por qu\u00e9. Y esta es la clave, saber el por qu\u00e9.<\/p>\n<p>Todos sabemos qu\u00e9 nos hace sufrir, o qui\u00e9n nos hace sufrir, o cu\u00e1ndo sufrimos; pero no sabemos por qu\u00e9 sufrimos&#8230; De hecho, si lo supi\u00e9ramos ya no lo har\u00edamos.<\/p>\n<p>Esto supone buscar donde no lo hab\u00edamos hecho y, por supuesto, hacer algo que no hab\u00edamos hecho antes: preguntarnos por qu\u00e9. Cuando surge el problema o cuando lo reavivo observo mi interior y me formulo dos preguntas de esto que est\u00e1 ocurriendo ahora \u00bfqu\u00e9 es lo que me duele?, aparto el &#8220;escenario&#8221; y a los &#8220;actores&#8221; del terreno emocional y me vuelvo a preguntar: \u00bfy por qu\u00e9 esto me duele? El resto es tirar del hilo\u2026El m\u00e9todo en cuatro pasos<\/p>\n<p>La clave del proceso,<\/p>\n<p>la primera etapa, ya la apuntaba en el p\u00e1rrafo anterior; consiste, simplemente, en aprender a observar. La observaci\u00f3n es un gesto valiente y decisivo, que pretende esquivar las respuestas naturales de defensa y el asentamiento -en el tiempo- de esas reacciones (h\u00e1bitos). La forma adecuada de establecerla es desdramatizar, para poder mantener la calma en la mente y en el coraz\u00f3n, y desapegarnos, para no sucumbir al secuestro de la exigencia emocional. Es el momento de formular a nuestro coraz\u00f3n las preguntas adecuadas\u2026<\/p>\n<p>El establecimiento de la observaci\u00f3n nos lleva a la introspecci\u00f3n, un mecanismo meditativo de nuestra mente, que facilita el anclaje de la atenci\u00f3n sobre la manifestaci\u00f3n emocional. Una vez que hemos conseguido situarnos en el &#8220;Espacio Sagrado&#8221; de la observaci\u00f3n, la introspecci\u00f3n nos permite &#8220;quedarnos a solas&#8221; con el sentir real.<\/p>\n<p>Es el momento en podemos identificar el por qu\u00e9.<\/p>\n<p>Llegados a este punto nos interesa saber qu\u00e9 es una emoci\u00f3n para poder, as\u00ed, identificarla adecuadamente. El mecanismo de la emoci\u00f3n es el mismo para todos los seres humanos, y no existe diferencia entre unas emociones y otras; es el af\u00e1n clasificatorio de nuestra mente consciente la que pretende distinguirlas, adjudic\u00e1ndoles diferentes adjetivos y esto es lo que nos causa tanta confusi\u00f3n. Pongamos luz a esta cuesti\u00f3n\u2026<\/p>\n<p>La emoci\u00f3n es resistencia.<\/p>\n<p>La emoci\u00f3n, fundamentalmente, es dolor f\u00edsico; primero, y antes de nada, dolor f\u00edsico. Cuando nuestros dispositivos autom\u00e1ticos intuyen que va a ocurrir algo que no nos gusta, que no deseamos, salta la alarma en el cuerpo.<\/p>\n<p>Ya sentimos un dolor: presi\u00f3n en el plexo, nudo en la garganta, tripas revueltas, piernas bloqueadas, cabeza que estalla\u2026 y tantos otros.<\/p>\n<p>No nos hemos dado cuenta de la urgencia a la que nos somete ese dolor, queremos quit\u00e1rnoslo de encima como sea. Y ese dolor surge por la resistencia, sencillamente NO ACEPTAMOS lo que va a ocurrir, como tampoco lo que vamos a sentir.<\/p>\n<p>Rechazamos esta situaci\u00f3n, esta persona, este sentir, este ahora, y el dolor empieza\u2026 observa por qu\u00e9 te resistes, identifica la resistencia.<\/p>\n<p>La emoci\u00f3n es culpa<\/p>\n<p>Y el dolor f\u00edsico se asoci\u00f3 a pensamientos, que toman forma de creencias y suposiciones, y nos hacen revivir una y otra vez el mismo drama. La culpa es la que las provoca, y mantiene la constante exigencia de reparaci\u00f3n del da\u00f1o que consideramos nos ha sido causado. Siempre hay alguien culpable de lo ocurrido, culpable de nuestro sufrimiento. El otro, como ya sabemos, bien puede ser una persona, o bien puede ser la suerte, la vida, Dios\u2026 Pero la faceta m\u00e1s cruel y da\u00f1ina de la culpa es la que dirigimos hacia nosotros mismos, nos culpamos por consentir, por asumir, por no actuar, por no decir, por transgredir. Este es el c\u00e1ncer que nos corroe por dentro\u2026 observa qu\u00e9 culpas, observa de qu\u00e9 te culpas, identifica esas culpas.<\/p>\n<p>La emoci\u00f3n es autocastigo<\/p>\n<p>Esta es la cruel consecuencia de la culpa, la verdadera raz\u00f3n del sufrimiento. Sufrimos porque nos castigamos por nuestras culpas.<\/p>\n<p>Como bien dice el Dr. Miguel Ruiz, en nuestro interior hay un juez y una v\u00edctima, y el resultado siempre es una condena. No somos conscientes de nuestro vocabulario pero, en un alto porcentaje que nos sorprender\u00eda, est\u00e1 encaminado a castigarnos, a menospreciarnos, a minusvalorarnos, a humillarnos.<\/p>\n<p>Un ejemplo sencillo, cuando digo: &#8220;\u00a1qu\u00e9 cansado estoy de esto!\u2026&#8221; \u00bfque crees que te est\u00e1s diciendo a ti mismo? Esta persona o situaci\u00f3n me supera, no soy capaz de darle soluci\u00f3n, no valgo para esto, soy un in\u00fatil y un tonto por no acabar con esto\u2026 y surge la rabia, la culpa siempre genera rabia, rencor, resentimiento\u2026<\/p>\n<p>Realmente no existen las emociones, este t\u00e9rmino nos confunde, existe un dolor f\u00edsico urgente y existen cientos de pensamientos asociados en nuestra mente, creencias de culpa y castigo que se enredan unas con otras, generando c\u00edrculos de pensamientos de los que es muy dif\u00edcil salir\u2026 Observa tus pensamientos de castigo, identifica las condenas\u2026<\/p>\n<p>Mart\u00edne Libertino define cuatro fases en nuestra evoluci\u00f3n y, curiosamente, est\u00e1n ligadas al manejo del sufrimiento. En la primera postula que &#8220;sufrimos por nuestras circunstancias, pero no sabemos por qu\u00e9&#8221; y en la segunda que &#8220;sufrimos por nuestras circunstancias, pero ya sabemos por qu\u00e9&#8221;. Es en la que nos encontraremos despu\u00e9s de la identificaci\u00f3n de nuestras emociones. Abordar el tercer paso, procesar, Libertino lo define como &#8220;decido dejar de sufrir por mis circunstancias&#8221;; es dejar que nuestro coraz\u00f3n, de forma natural, recupere las im\u00e1genes, los recuerdos, las vivencias de nuestra infancia que reverberan al meditar sobre nuestros pensamientos y est\u00e1n pidiendo ser recuperadas para terminar de montar el puzzle de nuestra emoci\u00f3n y vislumbrar as\u00ed c\u00f3mo ha empezado todo\u2026<\/p>\n<p>Llegado este momento, la comprensi\u00f3n se dispara, ya estamos en condiciones de constatar que somos ni\u00f1os y ni\u00f1as que todav\u00eda cargamos con las heridas, que nuestros problemas tienen un esquema definido y repetitivo, que podemos identificar los lastres que arrastramos, que podemos desmitificar nuestro sufrimiento, que podemos abordar nuestra vida desde el lenguaje de la intuici\u00f3n y la percepci\u00f3n\u2026 Pero, para que esas emociones no se vuelvan a activar, todav\u00eda queda una cosa por hacer: hay que cancelar las deudas, reconciliarnos con aquellas situaciones y con las personas presentes en ellas. Debemos ponernos en disposici\u00f3n de realizar el gesto m\u00e1s hermoso y m\u00e1s grande del que es capaz un Ser Humano, desplegar nuestro amor hacia todos y Perdonar. S\u00f3lo as\u00ed podremos decidir dejar de sufrir.<\/p>\n<p>El perd\u00f3n no pretende exonerar a los otros de su responsabilidad, sino liberarnos nosotros de ella y cortar el lazo de exigencia que todav\u00eda nos une a esas personas y a todas las dem\u00e1s que han despertado lo mismo en nosotros. El perd\u00f3n no es algo que necesitemos aprender. Si, en ese instante, nos permitimos sintonizar con el otro descubriremos que no era consciente de lo que hac\u00eda o, simplemente, que respond\u00eda a sus propios patrones de dolor, a sus creencias, por las que nos vimos afectados. Cuando descubrimos que no ha habido culpables en esa situaci\u00f3n, sino solo inconsciencia, entonces nos permitiremos apartar de nosotros el rencor y el resentimiento y libera-remos el ansia que nos invita al amor, al abrazo, a la fusi\u00f3n. Eso es perd\u00f3n. Pero, el m\u00e1s importante ser\u00e1 el que nos dirijamos a nosotros mismos por haber tenido que consentir, que vivir, que omitir\u2026 o, simplemente, por lo que nuestra reacci\u00f3n provoc\u00f3 en el otro. No pudimos hacer otra cosa.<\/p>\n<p>\u2026 Seguro que ya has adivinado la cuarta fase, eliminar, \u00a1claro que s\u00ed! \u00bfqu\u00e9, si no?\u2026 Libertino la define como &#8220;soy feliz en mis circunstancias&#8221;. Se feliz, es lo \u00fanico que se te pide<\/p>\n<p>de <a href=\"http:\/\/www.esquinamagica.com\/articulos.php?id1=14&#038;idar=689\">http:\/\/www.esquinamagica.com\/articulos.php?id1=14&#038;idar=689<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Fernando Rivadulla Iglesias &#8220;El anciano maestro Zen puso un hermoso y valioso jarr\u00f3n, antiqu\u00edsima y \u00fanica herencia familiar, delante del c\u00f3nclave a la espera de encontrar un sucesor entre&hellip; <a href=\"https:\/\/www.vivesur.com\/wpblog\/sufrimiento-emocional-una-opcion\/\" class=\"apace-readmore-link\">Read more<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[1,8],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.vivesur.com\/wpblog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8016"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.vivesur.com\/wpblog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.vivesur.com\/wpblog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.vivesur.com\/wpblog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.vivesur.com\/wpblog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8016"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.vivesur.com\/wpblog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8016\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.vivesur.com\/wpblog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8016"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.vivesur.com\/wpblog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8016"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.vivesur.com\/wpblog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8016"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}