{"id":6730,"date":"2013-09-13T14:19:53","date_gmt":"2013-09-13T12:19:53","guid":{"rendered":"http:\/\/vivesur.com\/wpblog\/?p=6730"},"modified":"2013-09-13T14:19:53","modified_gmt":"2013-09-13T12:19:53","slug":"de-la-heterofobia-al-racismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.vivesur.com\/wpblog\/de-la-heterofobia-al-racismo\/","title":{"rendered":"De la heterofobia al racismo"},"content":{"rendered":"<p>De la heterofobia al racismo<br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\"><img loading=\"lazy\" src=\"http:\/\/vivesur.com\/wpblog\/wp-content\/uploads\/2013\/09\/wpid-PastedGraphic-2013-09-13-14-19.tiff\" alt=\"wpid-PastedGraphic-2013-09-13-14-19.tiff\" width=\"180\" height=\"127\" \/><\/span><br \/>\nZygmunt Bauman<\/p>\n<p>El racismo se suele entender, aunque equivocadamente, como una variedad de los prejuicios o del resentimiento entre grupos. A veces se le diferencia de otros sentimientos o creencias a causa de su intensidad emocional. En otras ocasiones se le a\u00edsla haciendo alusi\u00f3n a los atributos hereditarios, biol\u00f3gicos y extraculturales que suele contener, a diferencia de las variedades no racistas de la hostilidad entre grupos. En algunos casos, los que escriben sobre el racismo se\u00f1alan sus pretensiones cient\u00edficas, pretensiones que no poseen otros estereotipos, no racistas aunque igualmente negativos, sobre los grupos extranjeros. Sin embargo, sea cual sea la caracter\u00edstica que se escoja, raramente se rompe el h\u00e1bito de analizar e interpretar el racismo dentro del \u00e1mbito de una categor\u00eda m\u00e1s amplia de prejuicios.<\/p>\n<p>A medida que el racismo va ganando importancia entre las formas contempor\u00e1neas de aversi\u00f3n entre grupos, y es la \u00fanica entre ellas con una pronunciada afinidad con el esp\u00edritu cient\u00edfico de la \u00e9poca, se va haciendo m\u00e1s significativa una tendencia interpretativa opuesta, esto es, la tendencia a ampliar el concepto de racismo para que abarque todas las variedades del resentimiento. Es decir, todas las clases de prejuicios entre grupos se interesan como expresiones de predisposiciones innatas, naturales y racistas, Probablemente podamos permitirnos el lujo de no sentirnos muy emocionados al contemplar este cambio de lugares y considerarlo, filos\u00f3ficamente, como una simple cuesti\u00f3n de definiciones que, despu\u00e9s de todo, se pueden aceptar o rechazar a voluntad. Sin embargo, con un examen m\u00e1s cuidadoso estamos ante otra imprudente manifestaci\u00f3n de autocomplacencia, De hecho, si todas las hostilidades y aversiones entre grupos son formas de racismo y si la tendencia a mantener alejados a los extra\u00f1os y ofenderse por su proximidad ha sido ampliamente documentada por las investigaciones hist\u00f3ricas y etnol\u00f3gicas afirmando que es un atributo perpetuo y punto menos que universal de los grupos humanos, entonces no hay nada esencia y radicalmente nuevo en que el racismo haya adquirido semejante importancia en nuestra \u00e9poca. Es simplemente el ensayo de un antiguo gui\u00f3n aunque, eso s\u00ed, puesto en escena con unos di\u00e1logos actualizados. En especial la vinculaci\u00f3n intima del racismo con otros aspectos de la vida moderna o bien se niega por completo o bien se desenfoca.<\/p>\n<p>En su reciente estudio sobre el prejuicio de una erudici\u00f3n impresionante, Pierre-Andr\u00e9 Taguieff describe la sinonimia entre racismo y heterofobia, es decir, la aversi\u00f3n a la diferencia. Ambos aparecen, asevera, a tres niveles o en tres formas que se caracterizan por su creciente nivel de complejidad. En su opini\u00f3n, el \u201cracismo primario\u201d es universal. Es la reacci\u00f3n natural ante la presencia de un desconocido extra\u00f1o, ante cualquier forma de vida humana que se ajena y provoque confusi\u00f3n. Invariablemente, la primera respuesta es la antipat\u00eda que no suele llegar a la agresividad. Universalmente, va de la mano de la espontaneidad. El racismo primario no necesita que nadie lo inspire ni lo fomente. Tampoco necesita una teor\u00eda que legitime este odio elemental, aunque en ocasiones se ha reforzado y utilizado como instrumento de movilizaci\u00f3n para la movilizaci\u00f3n pol\u00edtica. En estas ocasiones, puede pasar a otro nivel superior de complejidad y convertirse en racismo \u201csecundario\u201d o racionalizado. Esta transformaci\u00f3n se produce cuando existe, y se interioriza, una teor\u00eda que proporciona bases l\u00f3gicas para el racismo. Se representa al repugnante Otro como alguien con mala voluntad y \u201cobjetivamente\u201d da\u00f1ino; es decir, en cualquiera de los dos casos como alguien que supone una amenaza para el grupo al que inspira aversi\u00f3n. Por ejemplo, se puede representar a la categor\u00eda aborrecida como conspiradora con las fuerzas del mal de la forma que especifica la religi\u00f3n del grupo que aborrece o como rival econ\u00f3mico sin escr\u00fapulos. La elecci\u00f3n del campo sem\u00e1ntico en el que teoriza la \u201cpeligrosidad\u201d del aborrecido Otro la decide, seg\u00fan cabe suponer, el planteamiento general del momento sobre lo socialmente relevante, sobre los conflictos y divisiones. Un caos muy actual de \u201cracismo secundario\u201d es la xenofobia o, m\u00e1s especialmente, el etnocentrismo. Ambos aparecen en momentos de nacionalismo rampante, cuando una de las l\u00edneas divisorias sostenidas con m\u00e1s fuerza se razona recurriendo a la historia, la tradici\u00f3n y la cultura compartidas. Finalmente, el racismo \u201cterciario\u201d, de \u201cmistifactor\u00eda\u201d, que presupone la existencia de los dos niveles \u201cinferiores\u201d, se distingue por la utilizaci\u00f3n del argumento cuasi biol\u00f3gico.<\/p>\n<p>De la forma en que Taguieff la ha construido e interpretado, esta clasificaci\u00f3n tripartita parece l\u00f3gicamente imperfecta. Si el racismo secundario ya se caracteriza por la teorizaci\u00f3n de la aversi\u00f3n primaria, entonces parece que no existe ninguna raz\u00f3n para distinguir solamente una de las muchas ideolog\u00edas que se pueden usar, y de hecho se usan, para esta finalidad como caracter\u00edstica distintiva de un racismo de \u201cnivel superior\u201d. El racismo de tercer nivel parece m\u00e1s una unidad o un elemento del segundo nivel. Acaso Taguieff podr\u00eda defender su clasificaci\u00f3n de esta acusaci\u00f3n si, en vez de separar las teor\u00edas biol\u00f3gicas a causa de su supuesta naturaleza de \u201cmistifactor\u00eda\u201d (se puede argumentar sin fin sobre el grado de mistificaci\u00f3n de todo el resto de teor\u00edas racistas de segundo nivel), utilizara la tendencia del argumento biol\u00f3gico para subrayar la irreversibilidad e incurabilidad de la perjudicial \u201cotredad\u201d del Otro. Se podr\u00eda, de hecho, se\u00f1alar que en nuestra \u00e9poca de artificialidad del orden social, de omnipotencia putativa de la educaci\u00f3n y de ingenier\u00eda social, la biolog\u00eda en general y la herencia en particular significan, para la conciencia p\u00fablica la zona que permanece fuera de los l\u00edmites de la manipulaci\u00f3n cultural, algo que todav\u00eda no sabemos como resolver, moldear y dar nueva forma seg\u00fan nuestra voluntad. Taguieff, no obstante, que la moderna forma de racismo biol\u00f3gico no parece \u201cdiferente en naturaleza, funcionamiento y funci\u00f3n de los discursos tradicionales de exclusi\u00f3n descalificadota\u201d, y se centra por ello en el grado de \u201cparanoia delirante\u201d, o de \u201cespeculatividad\u201d extrema como caracter\u00edsticas distintivas del \u201cracismo terciario\u201d.<\/p>\n<p>Yo creo, por el contrario, que son precisamente la naturaleza, la funci\u00f3n y la forma de funcionamiento del racismo lo que lo distinguen claramente de la heterofobia- ese difuso desasosiego, inquietud o angustia que la gente siempre suele experimentar cuando se enfrenta con \u201cingredientes humanos\u201d que no entiende del todo, con los que no se puede comunicar f\u00e1cilmente y de los que no se puede esperar que se comporten de forma conocida y rutinaria. Parece que la heterofobia es una manifestaci\u00f3n concentrada de un fen\u00f3meno m\u00e1s amplio de angustia provocado por la sensaci\u00f3n de no tener control sobre la situaci\u00f3n y, en consecuencia, no poder ejercer ninguna influencia sobre su evoluci\u00f3n ni tampoco prever las consecuencias de la propia actuaci\u00f3n. La heterofobia puede surgir como una objetificaci\u00f3n real o irreal de esta angustia, pero lo m\u00e1s probable es que la angustia en cuesti\u00f3n acabe buscando cualquier objeto al que anclarse. En consecuencia, la heterofobia es un fen\u00f3meno bastante corriente en todas las \u00e9pocas y m\u00e1s todav\u00eda en una era de modernidad en la que son m\u00e1s frecuentes las ocasiones para la experiencia \u201csin control\u201d y resulta m\u00e1s plausible interpretar esta experiencia en t\u00e9rminos de inoportuna interferencia de un grupo humano extra\u00f1o.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n sugiero que, descrita as\u00ed, hay que distinguir anal\u00edticamente la heterofobia de la enemistad declarada \u2013un antagonismo m\u00e1s concreto generado por las actuaciones humanas de b\u00fasqueda de la identidad y de trazado de l\u00edmites. En este \u00faltimo caso, los sentimientos de antipat\u00eda y resentimiento se parecen m\u00e1s a ap\u00e9ndices sentimentales de la actividad de separaci\u00f3n. La propia separaci\u00f3n exige una actividad, un esfuerzo y una actuaci\u00f3n continua. El extra\u00f1o del primer caso, sin embargo, no es simplemente una categor\u00eda de persona demasiado cercana como para sentirse a gusto y al tiempo claramente independiente, f\u00e1cil de reconocer y mantener la distancia necesaria, sino un grupo de personas cuya \u201ccolectividad\u201d no es evidente o no se reconoce generalmente. Incluso se puede atacar a esta colectividad y los miembros de la categor\u00eda ajena lo ocultar\u00e1n o lo negar\u00e1n. El extra\u00f1o en este caso, amenaza con penetrar en el grupo nativo y fundirse con \u00e9l si no se toman medidas preventivas y se relaja la vigilancia. Es decir, el extra\u00f1o amenaza la identidad y la unidad del grupo, pero no lo hace confundiendo su control sobre un territorio o su libertad para actuar de la forma usual, sino haciendo difusos los l\u00edmites del territorio y borrando la diferencia entre la manera de vivir usual (bien) y la extra\u00f1a (mal). Este es el caso del \u201cenemigo entre nosotros\u201d, el que provoca un vehemente movimiento para trazar los l\u00edmites que, a su vez, genera unas densas secuelas de antagonismo y odio hacia los culpables o sospechosos de doble lealtad o de sentarse a horcajadas sobre la barricada.<\/p>\n<p>El racismo es diferente de la heterofobia y de la enemistad declarada. La diferencia no reside ni en la intensidad de los sentimientos ni en el tipo de argumentos que se emplea para racionalizarla. El racismo se distingue por un conjunto de m\u00e9todos de los que forma parte y que racionaliza, unos m\u00e9todos que combinan las estrategias de la arquitectura, de la jardiner\u00eda y de la medicina, y las pone al servicio de la construcci\u00f3n de un orden social artificial. Esto se consigue eliminando los elementos de la sociedad actual que ni se ajustan a la realidad perfecta so\u00f1ada ni se pueden modificar para que lo hagan.<\/p>\n<p>En un mundo que se jacta de tener una capacidad sin precedentes para mejorar las condiciones humanas reorganizando los asuntos humanos sobre una base racional, el racismo manifiesta la convicci\u00f3n de que existe cierta categor\u00eda de seres humanos que no se pueden incorporar al orden racional, por muchos esfuerzos que se hagan. En un mundo caracterizado por el continuo retroceso de los l\u00edmites de la manipulaci\u00f3n cient\u00edfica, tecnol\u00f3gica y cultural, el racismo proclama que no se pueden eliminar ni rectificar ciertas manchas de cierta categor\u00eda de personas, que permanecen m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites de los m\u00e9todos reformadores y que seguir\u00e1n estando all\u00ed siempre. En un mundo que proclama la formidable capacidad de la formaci\u00f3n y de la inversi\u00f3n cultural, el racismo deja aparte a cierta categor\u00eda de personas a las que no se puede llegar (y, en consecuencia, no se pueden cultivar) ni por medio de la argumentaci\u00f3n, ni de tampoco ninguna otra herramienta de formaci\u00f3n y, por lo tanto, seguir\u00e1n siendo extra\u00f1as siempre. En resumen, en el mundo moderno que se distingue por su ambici\u00f3n de autocontrol y autoadministraci\u00f3n, el racismo declara que existe cierta categor\u00eda de personas que se resiste end\u00e9micamente al control y es inmune a cualquier esfuerzo para mejorar. Para utilizar una met\u00e1fora m\u00e9dica, se pueden entrenar y poner en forma ciertas partes del cuerpo, pero no un tumor canceroso. A este \u00faltimo s\u00f3lo se le puede \u201cmejorar\u201d destruy\u00e9ndolo.<\/p>\n<p>La consecuencia es que el racismo se asocia de forma inevitable con la estrategia de extra\u00f1amiento. Si las condiciones lo permiten, el racismo exige que se aleje a la persona ofensora m\u00e1s all\u00e1 del territorio ocupado por el grupo ofendido. Si no se dan esas condiciones, el racismo exige que se extermine f\u00edsicamente a la categor\u00eda ofensora. La expulsi\u00f3n y la destrucci\u00f3n son dos m\u00e9todos de extra\u00f1amiento intercambiables.<\/p>\n<p>Alfred Rosenberg escribi\u00f3 lo siguiente sobre los jud\u00edos: \u201cZunz asegura que el juda\u00edsmo es el capricho del alma jud\u00eda. Ahora el jud\u00edo no puede escaparse de este \u201ccapricho\u201d aunque se bautice diez veces, y el resultado necesario de esta influencia ser\u00eda siempre el mismo: falta de vida, anticristianismo y materialismo\u201d. Lo que es cierto sobre la influencia religiosa se puede aplicar tambi\u00e9n a otras intervenciones culturales. Los jud\u00edos no tienen remedio. S\u00f3lo ser\u00e1n inofensivos con la distancia f\u00edsica, la ruptura de la comunicaci\u00f3n, el encierro o la aniquilaci\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De la heterofobia al racismo Zygmunt Bauman El racismo se suele entender, aunque equivocadamente, como una variedad de los prejuicios o del resentimiento entre grupos. 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